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El Blog de Inteligencia Colectiva

La inteligencia colectiva explicada en una fórmula sencilla (María Hidalgo)

María Hidalgo es fundadora y CEO de “Diseño Social EN+”, una organización que busca devolver al diseño su función social de creación de soluciones (tienen un blog estupendo, lo recomiendo). Para eso, crea plataformas orientadas al cambio social.

María es una mujer joven, curtida en mil batallas. Vital y comprometida. Me ha gustado mucho intercambiar ideas con ella. Sus respuestas fueron claras y directas. No rehuyó a la complejidad de las cuestiones que le plantee. Como verás, siempre tenía a mano buenos ejemplos con los que hacer pedagogía. Esta entrevista forma parte de la investigación que estoy haciendo para mi libro de Inteligencia Colectiva, que, si todo va bien, espero poder publicar este año. Por no escribir un post demasiado largo, estas son sólo algunas de las preguntas que le hice:

1. María, ¿cómo definirías a la “Inteligencia Colectiva”?, ¿qué te sugiere ese término? Te advierto que no busco necesariamente una definición académica.

En mi caso, utilizo “inteligencia colectiva” para aquellos procesos que hacen que un grupo pueda llegar a aprender, entender, razonar y tomar decisiones de forma diferente a si lo hicieran sus miembros por separado (sean o no conscientes de ello). Le doy un matiz positivo porque genera una dinámica similar a las sinergias: se genera más valor conectando que sumando las partes.

Sé que esto choca con experimentos como el de preguntar a un grupo de personas independientes y no conectadas sobre el precio o peso de algo, y calcular después la media de las respuestas para comprobar que el grupo estima mejor que los individuos. Pero, en mi concepción muy personal, eso no es inteligencia colectiva sino estadística: la variedad de respuestas fija un margen de error y el número de participantes establece una ponderación estadística que es más precisa mientras mayor sea el número de consultas realizadas.

2. ¿Utilizarías el término “inteligencia colectiva” para describir una situación en la que se combina o agrega la información colectiva por un tercero (p.ej. Big Data o Google Search) y no por el propio grupo, o sea, que no hay colaboración, ni interacción directa, entre los miembros del grupo?

Lo importante es la cantidad de conexiones que seamos capaces de construir entre los individuos de una sociedad. Es verdad que, a mayor influencia mutua, mayor probabilidad de que todos crean las mismas cosas y cometan los mismos errores o determinen menos variedad de soluciones. Lo que significa que posiblemente nos estemos volviendo individualmente más sabios, pero colectivamente más tontos tal como se plantea en “Cien mejor que uno”, de James Surowiecki. Sin embargo, no termino de ver claras las conclusiones de ese libro en lo referido a la independencia. Según su autor, las decisiones colectivas tienen más probabilidades de ser buenas cuando las toman personas con opiniones distintas que elaboran conclusiones independientes, atendiendo primordialmente a la información privada de que disponen. Eso sería como soltar a millones de hormigas y ver qué camino eligen como el más corto sin tener en consideración la interacción entre ellas.

La sinergia implica interacción entre las energías. La Estigmergía también. ¡Pero cuidado! Si usamos el “big data” o “Google search” como la feromona natural de las hormigas, quizás pueda ser útil. Aunque esto abre un debate diferente porque la información de esas feromonas no se recopila y distribuye de forma orgánica, pública e independiente con un objetivo común decidido por los usuarios, sino por intereses económicos y políticos de terceros.

3. Perdona que siga dándole vueltas a la definición. ¿Es “Inteligencia Colectiva” que una persona extraiga conocimiento e información de una comunidad (por ejemplo, de sus redes sociales) para tomar una decisión individual, que sólo le incumbe a ella, o sólo la habría cuando el juicio/decisión repercute y se toma a escala colectiva?

Desde una visión personal y poco académica, no creo que leer muchos libros sobre un tema y tomar una decisión en consecuencia sea “inteligencia colectiva”. Sería como ver qué han votado los electores españoles y a partir de ahí, tomar una decisión personal de voto. Mi decisión personal no sería “inteligencia colectiva” pero sí la suma total de las conexiones ideológicas entre los votantes. No es cómo los datos influyen en mí, sino cómo la suma de los distintos “yo” que componen la muestra, influye en los datos.

Una persona tomando una decisión a partir de la información que obtiene de su comunidad es un proceso que se produce prácticamente en el 100% de las decisiones que tomamos. Por tanto, no habría “inteligencia que no fuera colectiva”. Yo aplicaría “inteligencia colectiva”, como aplicación práctica del término, en el segundo de los casos y siempre teniendo en cuenta cómo pueden influir los sesgos cognitivos en la toma de decisiones.

4. ¿Qué ejemplos de fracaso conoces de Inteligencia Colectiva? Por delimitar un poco, y colocar el listón alto, supón que para que sea un “fracaso” bastaría con que haya tenido un impacto, o unos resultados, significativamente inferiores a las expectativas creadas.

Un ejemplo claro de fracaso es cómo está diseñada la democracia, y sus procesos electorales. Hablemos de eso. Es fácil entender que las elecciones, tal como están ahora concebidas, se vean alteradas por la manipulación mediática, la presión social, el gregarismo, los sesgos cognitivos, etc. Estamos votando por “intuición” ya que carecemos de información y formación política. Pero si los partidos se viesen obligados a presentar sus programas electorales de forma sencilla pero detallada y con responsabilidades administrativas de su aplicación y viabilidad (al igual, por ejemplo, que cuando presentas a concurso un proyecto para la concesión pública de una subvención), la cosa mejoraría. Es sencillo, al igual que cualquier profesional que trabaja para la administración pública en una concesión de servicios, los políticos deberían responsabilizarse legalmente del “programa electoral” presentado.

Imagina también que, en torno a las distintas propuestas, un organismo independiente elaborara un cuestionario imparcial que todos tuviéramos que cumplimentar en lugar de votar a un representante (para corregir los sesgos). Tendrías que responder, en ese cuestionario, si estás a favor de que todos los ciudadanos tengan derecho al matrimonio o no, si estás a favor de dar una dotación económica a las personas en situación de dependencia, de las medidas contra el cambio climático o de la amnistía fiscal a grandes empresas, etc. Y automáticamente, dependiendo de lo que reflejase la gente en ese cuestionario, saliera elegido una candidatura o la combinación de varias para llevar a cabo los objetivos políticos que la ciudadanía quiera alcanzar en esos próximos 4 años. La solución no tiene que ser precisamente esa, pero te da una idea de lo mucho que podemos cambiar con el rediseño de procesos de inteligencia colectiva tan importantes como la democracia.

5. Te pondré un reto. Si tuvieras que crear una fórmula o algoritmo que capture, exprese, de forma resumida, un hipotético “Índice de Inteligencia Colectiva” de un grupo (como ocurre, por ejemplo, con el Coeficiente Intelectual, a escala individual), ¿qué variables o factores incluirías en esa fórmula y qué peso relativo le atribuirías a cada una?

En tal caso, voy a coger la navaja de Ockham para proponerte una fórmula personal muy sencilla: IC = Grado de diversidad en las inteligencias múltiples de los individuos (dividido por) Grado de diversidad en el objetivo individual frente al colectivo. Es decir, a más convergencia en el objetivo que se busca (o sea, menos diversidad en el propósito del grupo), más IC. Recuerda que esa diversidad está en el dominador de la ecuación. Asimismo, la IC aumenta con la diversidad de los perfiles de las personas que participan (ésta se ubica en el numerador de mi ecuación).

6. En tu opinión, ¿cuándo una decisión colectiva se puede considerar “estúpida”?, ¿cómo definirías a la “estupidez colectiva”?

Hay estupidez colectiva cuando la suma de decisiones y opiniones del grupo llevan a una solución menos eficaz que la toma de decisiones de forma individual. Es curioso, además, cómo de forma inteligente podemos acabar tomando la decisión que es peor para nosotros, y de forma estúpida, casi sin quererlo, acabar tomando la mejor decisión.

Piensa, por ejemplo, en estas dos estrategias de cómo construir IC. Una, en la que los individuos suponen que “lo mejor para el grupo es lo mejor para mi”. Y la alternativa, que consiste en poner el foco en sí mismos, adoptando la lógica de que: “elegir lo mejor para mí es también lo mejor para el grupo”. Desde mi visión personal, sesgada e incompleta, creo que la primera opción nos lleva a sistemas inteligentes y la segunda a sistemas estúpidos. ¿Por qué lo digo? Me acogeré a dos ejemplos sencillos.

En el primero de ellos, mientras intento moverme por una calle abarrotada y mis decisiones individuales me hacen sumarme o crear flujos de peatones que caminan en una dirección o en otra. Confiar en que todos tenemos un objetivo común (aunque nuestros destinos sean diversos) me hará sumarme al movimiento coordinado de los que van en mi dirección, respetando, además, a los que van en otra. Sin embargo, si en ese mismo momento se produce una situación de peligro que me haga creer que sólo algunos podrán salvarse y desconfiar del grupo ya que sus intereses se oponen a los míos, se producirán las temidas “avalanchas” y “remolinos” que pueden poner en crisis el agregado colectivo.

El otro ejemplo tiene que ver con el “gran sueño americano”, del que tanto abusa Donald Trump. Además de lo edulcorado que está el término, lo que ocurre en realidad es que ese sueño transforma el concepto de justicia social (que en mi opinión nos llevaría a un sistema social más “inteligente”) en un “sálvese quien pueda, pero ese que se salva puedes ser tú”. No se trata de mitigar las desigualdades, sino ofrecer a los miembros de las capas bajas, algunas opciones, muy laureadas por la prensa, libros de economía o incluso el cine, de escapar de ellas y poder formar parte del selecto grupo acaparador de los sistemas de producción de riqueza.  Nuestro actual sistema educativo, laboral y político es un “salvase quien pueda” que, visto desde arriba y con cierta perspectiva, se asemeja bastante a esas estampidas y remolinos irracionales que vemos en las estampidas y los atascos. Y como no puedo evitar mencionar: creo que el objetivo de la Teoría del Shock es precisamente esa, crear estampidas y atascos sociales.

7. ¿Tiene sentido pedirle a la gente, por ejemplo, a la ciudadanía, que opine/decida sobre algo que le afecta pero que (por la complejidad del asunto) no sabe cómo le afecta? ¿Es legítimo transferir a la multitud la responsabilidad de las consecuencias de una decisión sobre algo incomprensible para ella?

Te responderé con un ejemplo. Puede que un colectivo de ciudadanos no expertos desconozca cómo diseñar un puente, pero podemos consultarle si quiere atravesar el rio, por qué quiere usarlo, a qué está dispuesto a renunciar para hacerlo (tiempo, recursos, espacio…) y las líneas rojas por las que jamás pasaría para hacerlo. Podríamos preguntarles los porqués mientras que los expertos trabajarían los cómo retroalimentando de información al grupo sobre la viabilidad del proyecto planteado. No apostaría por un sistema exclusivamente tecnócrata al que cedamos nuestro derecho a opinar porque tienen un “conocimiento superior” que nosotros (¿no es así como funciona el actual sistema?), sino por producir sistemáticamente las herramientas que nos permitan transformarnos en colectivos inteligentes en los que podamos incluso decidir qué decisiones queremos delegar “a cada grupo de expertos”, y cuáles no.

NOTA: Si quieres leer otras entrevistas de este seriado, aquí tienes estos siete enlaces:

Las estructuras de poder no creen en la inteligencia colectiva (Fernando de la Riva)

Reducir la inteligencia colectiva a procesos de decisión es simplificador (Ramón Sangüesa)

The GovLab, un laboratorio de innovación pública (Dinorah Cantú-Pedraza)

La inteligencia colectiva no consiste en activar procesos democráticos (Doménico di Siena)

Participación genuina e Inteligencia colectiva (Eugenio Moliní)

Blockchain y las herramientas cívicas digitales incorruptibles (Santiago Siri)

La inteligencia colectiva como un desafío de diseño (Gonzalo de Polavieja)

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