El Umbral de Activación y las lecciones de liderazgo del chico bailarín

escalado

Si un proyecto colectivo no consigue la masa crítica de participantes que necesita para ser viable, los resultados tardan en llegar y puede ir languideciendo en el tiempo. La gente se involucra si un número suficiente de personas se compromete también.

La mayoría de los proyectos colectivos necesitan un número mínimo de participantes para ser viables. Si no se consigue, los resultados tardan en llegar y la iniciativa puede ir languideciendo en el tiempo. Si has impulsado proyectos participativos ya sabes lo difícil que es alcanzar esa masa crítica para que una acción colectiva se autoimpulse.

Un concepto muy útil para entender este reto es el de “umbral de activación” (“activation threshold” en inglés), que debemos a Mark Granovetter. Según el sociólogo de la Universidad de Stanford, cada sujeto establece un número mínimo de personas que deberían implicarse en una acción colectiva, para que él o ella se anime a participar. Dicho en otras palabras, la gente se involucra en un evento si un número suficiente de personas se compromete también.

Esta perspectiva individual, cuando se agrega colectivamente, nos da una idea de la masa crítica que debe darse para que el sistema escale de forma natural. El conjunto agregado de umbrales (individuales) de activación es el punto de inflexión que puede servir de espoleta para producir el efecto-contagio deseado. Ese sería el punto a partir del cual los beneficios de participar son mayores que los inconvenientes en el caso de que las ventajas/costes dependan del número de participantes.

Esa dinámica se da en muchos comportamientos colectivos. Entender cuál es el “umbral de activación” de los potenciales participantes en un proyecto colectivo que dependa del efecto-red es un recurso muy útil. Si el umbral es muy elevado, se pueden activar mecanismos para disminuirlo (de tal forma que los individuos se animen a participar con menos exigencias) o, en su caso, introducir catalizadores que ayuden a alcanzarlo.   

Ricardo Antón me puso en la pista de un vídeo, que lleva por título en español: “Lecciones de liderazgo del chico bailarín”, y que refleja con gracia cómo a partir de un individuo en solitario que se atreve a levantarse a bailar en público se termina formando, en unos pocos minutos, un colectivo numeroso de danzarines entusiastas gracias al comportamiento en cascada. Es muy instructivo porque permite ver la película de cómo el proceso va cambiando de estados a medida que se van uniendo más personas. Lo que parecía al principio un absurdo individual, solo para echar unas risas a costa de un loco, se convierte después en una expresión de entusiasmo grupal que gana así mucha credibilidad. Estoy de acuerdo con que los movimientos crecen de esa forma, siguiendo esa lógica. 

La lección más sugerente del vídeo es que aunque la contribución del primero que decide bailar -al que llaman líder- es clave, lo es también el del primer seguidor y el del siguiente. El primero que le sigue es el que sugiere que la acción del bailador en solitario se puede replicar. El segundo, tercero o cuarto significan el punto de inflexión, el “umbral de activación” del que hablé antes, porque a partir de ese momento el ritmo de adhesión de más personas se multiplica. El primer bailarín, que parecía un loco, se convirtió en líder gracias a la valentía del que se atrevió a seguirle y con ello a encender la llama del contagio. A medida que se van uniendo más personas va desapareciendo el sentido del ridículo y los riesgos asociados. Este efecto es crucial: el de diluir la exposición individual.  Si antes se quedaban mirando, ahora pueden unirse porque no se exponen tanto.

Se pueden extraer muchas lecciones de ese vídeo. Una de ellas es que, como bien explica su narrador, el rol de los primeros seguidores es una forma subestimada de liderazgo. En la mayoría de los proyectos, el equivalente al primer bailarín en solitario suele acaparar todos los méritos, pero escalar un movimiento no es factible sin el primer, segundo y tercer seguidor. Y para que esa chispa prenda, se tienen que dar, como mínimo, dos condiciones:

  1. Que la acción a replicar sea fácil de seguir: En este caso bastaba con levantarse y ponerse a bailar junto al que lo hizo en solitario. Si el primero hubiera hecho un baile sofisticado, exigente técnicamente, nadie se hubiera atrevido a acompañarle porque podía sentirse intimidado, pero basta con ver el vídeo para constatar que había más actitud que aptitud en su desempeño. Reducir los costes de aprendizaje es esencial para generar la cascada.  
  2. Que el líder acoja al primer seguidor como a un igual: en vez de relegarlo a un segundo plano para imponer su protagonismo, como se observa en la grabación cuando el primer valiente que se une a la juerga es recibido en igualdad de condiciones y con los máximos honores.

En definitiva, como leí en algunos comentarios del vídeo, si ves atreverse a algún loco o loca a hacer algo fantástico, ten el valor de ser la primera persona en levantarse y unirse, porque es así como escalan las cosas que valen la pena.    

Por cierto, recomiendo poner este vídeo en talleres y reuniones donde se hable del escalado de las acciones colectivas porque da muchas pistas e invita a una conversación muy estimulante que podemos comenzar, si quieres, en el hilo de comentarios de este post. Si conoces otros vídeos que traten de este tema, sería genial que los compartas.

Ahí te dejo el vídeo del chico bailarín, para que lo disfrutes:

Por cierto, después de publicar este post descubrí (gracias a un mensaje que me mandó Manel Muntada), que ya existe una charla TED de Derek Silvers comentando esta historia. Es bastante probable que el narrador del vídeo que he puesto aquí se haya basado en esa charla, porque el relato es muy parecido. En cualquier caso, sigue siendo interesante recuperarlo como ejemplo, no solo para comprender el papel de lo/as seguidore/as, sino también para entender el concepto de “umbral de activación”.

NOTA: La imagen es de 8385 en Pixabay.com. Si te ha gustado el post, puedes suscribirte para recibir en tu buzón las siguientes entradas de este blog. Para eso solo tienes que introducir tu dirección de correo electrónico en el recuadro de “suscribirse por mail” que aparece en la esquina superior derecha de esta página. También puedes seguirme por Twitter o visitar mi blog personal: Blog de Amalio Rey.

Experto en lnteligencia Colectiva y creación de redes y ecosistemas de innovación. Se dedica al diseño de arquitecturas participativas y al escalado eficaz de estos procesos. Autor del Canvas del Liderazgo Innovador, facilita proyectos e imparte formación sobre Design Thinking, Inteligencia Colectiva, Hibridación, Co-Skills, Co-Creación, y Ecosistemas 2.0 para innovar. Lidera proyectos de Arquitectura de la Información, redacción-web y diseño de contenidos digitales sobre innovación. Twitter: @arey Blogs: www.amaliorey.com y https://www.bloginteligenciacolectiva.com/

1 comment

  1. Estupendo post, Amalio. Conocía el vídeo, pero no la charla TED.
    Este va para mi alumnado de Psicología de 2º de Bachillerato, para tratar el liderazgo. El objetivo: favorecer las actitudes colaborativas en la elaboración de sus tareas y retos, aunque partan de intereses individuales.
    Gracias!

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