Explorando nuevas formas de colaboración y trabajo en red

TOP

julio 2017

Continuando mi seriado sobre #CIconf17, la última Collective Intelligence Conference celebrada en NYC en junio (aquí tienes una primera reseña en formato de “píldoras”), voy a escribir sobre una de las intervenciones más provocadoras que se hicieron en el último panel del evento que se dedicó a la participación colectiva en retos cívicos, estupendamente moderado por el profesor Thomas Malone. Esa intervención la hizo Eric Gordon, fundador y director del Engagement Lab, un fascinante laboratorio de diseño e investigación que está en Emerson College (Boston), y que se dedica a reimaginar el compromiso cívico desde la perspectiva de la cultura digital.  Si encuentro tiempo, voy a dedicar otro post a las tesis de Gordon y a los llamados “Civic Media” (“Medios Cívicos”), que son mecanismos de comunicación a gran escala que fortalecen los lazos sociales dentro de una comunidad y crean un fuerte sentido de compromiso cívico. Estos incluyen desde tecnologías para protestas y desobediencia civil hasta sistemas instantáneos que permiten recoger votos para la toma de decisiones colectivas. El mensaje que Eric Gordon transmitió con más entusiasmo fue el de reconocer el valor de los procesos participativos en sí mismos, que insistió en reivindicarlos con independencia de la eficacia del resultado que salga de ellos. Su empeño en naturalizar las ineficiencias me recordó a Ricardo Amaste, con quien hemos debatido mucho sobre este asunto. Gordon se queja de que las “civic tech” se centran demasiado en las mejoras técnicas y descuidan los valores. Su trabajo consiste precisamente en visibilizar y discutir los valores sociales que están embebidos en la tecnología, lo que me trasladó en el tiempo a mi fantástica visita allá por 2012 a Critical Making Lab de la universidad de Toronto, en la que hablamos largamente con Matt Rato de este asunto. La tesis más provocadora de Gordon, por contraintuitiva, fue que la búsqueda de eficiencia en los procesos colectivos (soy el primero en defender eso, y es una de mis obsesiones) descuida la construcción de valores y otras contribuciones que sí generan los procesos que son más ineficientes. Su idea es que la búsqueda de atajos eficientes, o sea, más rápidos y baratos, no permite invertir tiempo suficiente en el proceso, en la experiencia de compartir y cultivar valores participativos. Que poner tanto el foco en conseguir el mejor resultado final posible hace que nos perdamos todo lo que pasa antes. Es por eso por lo que Engagement Lab apuesta por los

Nos reunimos con Dinorah en la sede de The GovLab, que está en el 9no piso del edificio de la Tandon School of Engineering de New York University, en Brooklyn. El objetivo de The GovLab es fortalecer la capacidad de las instituciones (sobre todo los gobiernos, pero también otras de la sociedad civil) para trabajar más abiertamente, de manera colaborativa, efectiva y legítima, en la resolución de problemas públicos y la toma de mejores decisiones. Aquí tienes un listado de proyectos que han desarrollado para que te hagas una idea. Hace tiempo seguía la pista a esta organización centrada en la innovación pública impulsada por la tecnología, así que aproveché mi viaje a NYC en junio para participar en la 2017 Collective Intelligence Conference (enlace a reseña del evento) que organizaba esta vez el propio The GovLab, y también para verme con Dinorah Cantú-Pedraza, que es la coordinadora de The GovLab Academy. Mediante GovLab Academy, la organización ofrece programas de formación y mentoring para que los emprendedores públicos (que ellos definen como personas apasionadas e innovadoras que buscan utilizar las nuevas tecnologías y los datos para generar un beneficio público) conviertan sus ideas en proyectos listos para implementarse. Bajo su dirección, la Academia del GovLab ha trabajado con más de quinientos innovadores de más de 30 países en los últimos dos años, tanto en formato presencial como telemático. Resumo a continuación la conversación que tuvimos: ¿Cuánto de abogada y cuánto de tecnóloga eres tú? ¿Qué hace una abogada metida en líos de tecnología? Como abogada, decidí especializarme en Derecho Internacional de los Derechos Humanos mediante un curso de verano en Oxford y luego dedicarme de tiempo completo a ellos fundando el Centro de Derechos Humanos (CDH) en mi alma mater, la Facultad Libre de Derecho de Monterrey, en Monterrey, México. Siempre me gustó profundizar en los principios básicos de las sociedades que aspiramos construir. Después de 3 años de estar en el CDH decidí que quería dedicarme al litigio estratégico de derechos económicos, sociales y culturales, por lo que apliqué y fui aceptada en la Maestría de Políticas Públicas de NYU.  Y es así como en una clase conocí a Beth Noveck, que me emocionó con nuevos conceptos que nunca había escuchado y que me abrían a un mundo de posibilidades en el tema de gobernanza. También me hizo ver que había que aterrizar esas ideas, ser más práctica, para generar impacto. En este