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junio 2016

Empiezo con éste un seriado de posts con entrevistas a practicantes y expertos de prestigio en el campo de la inteligencia colectiva que iré publicando como parte del trabajo de campo que estoy haciendo para mi libro. El estreno no podía ser mejor, con una larga conversación que tuve con Gonzalo de Polavieja, doctor en ciencias físicas por la Universidad de Oxford y postdoc en Neurobiología del Laughlin Lab (Cambridge), que ahora lidera un grupo de investigación en el Collective Behavior Lab del Champalimaud Center on the Unknown, un centro científico puntero que radica en Lisboa. Gonzalo, además de ser un tío estupendo, es uno de esos investigadores renacentistas que salta de la biología a la política con naturalidad. A él le sigo la pista desde hace tiempo, a partir de sus investigaciones en el Instituto Cajal del CSIC, y hemos coincidido en New York porque fue invitado como ponente a la 2016 Collective Intelligence Conference. Nuestro diálogo fue súper estimulante porque es una persona que piensa con un rigor científico a prueba de balas pero al mismo tiempo tiene una sensibilidad muy práctica. No vive en las nubes, así que eso lo hace un sparring óptimo para poner a prueba hipótesis y mitos. Aquí os dejo con un resumen de la conversación que tuvimos. No es una transcripción literal porque es mi interpretación de algunas cosas que me dijo y contiene además algunas reflexiones que construimos en común: Del comportamiento animal a los colectivos humanos   Polavieja dedica gran parte de su investigación a estudiar el comportamiento colectivo en animales. Ahora usa a los peces como modelo de análisis en laboratorio. Le he preguntado si se puede utilizar el “colectivismo” de los animales (hormigas, abejas, etc.) como un ejemplo a imitar por los humanos, teniendo en cuenta que somos organismos cognitivamente mucho más complejos. Su respuesta es, como me esperaba, prudente: “Yo intento aprender de toda la biología. Estudiar a los animales ayuda porque, desde mi punto de vista, tienen retos parecidos y usamos mecanismos similares de los que se puede aprender, pero sin caer en absurdas generalizaciones. Por ejemplo, la información que nos llega al cerebro de animales y humanos es muy ambigua. Ambos usamos lo social para reducir ambigüedad. También aprendemos con premios/castigos. Yo me pregunto qué es lo más básico que nos une y qué propiedades se activan de forma similar entre las distintas especies, porque eso ayuda a descubrir

Sigo escribiendo hoy sobre lo más interesante que está pasando en la 2016 Collective Intelligence Conference que se celebra estos días en la New York University. Esta segunda jornada ha sido muy intensa y da para muchos posts pero siguiendo un criterio cronológico, voy a resumir la sesión más tempranera que consistió en un panel de tres expertos más un moderador sobre un tema de moda, la “financiación colectiva de capital” o como se conoce comúnmente: “Equity Crowdfunding”. Con este tema doy un giro radical después del abordado en mi post anterior de “Inteligencia Colectiva para la toma de decisiones políticas”, y tiene bastante sentido, porque lo que está en el centro del debate sobre el “Equity Crowdfunding” (ECF) es la pregunta de si va a contribuir realmente a democratizar de forma significativa el acceso al capital de las empresas, como algunos dicen. Como curiosidad, el panel de hoy tenía acento español, con la presencia destacada entre los ponentes de Alejandro Cremades, un joven emprendedor ibérico de solo 31 años que está haciendo literalmente las Américas. Es fundador de OneVest, y está muy acreditado en el sector por su capacidad para obtener fondos en favor de las startups que entran en su cartera. Le acompañó Eric Sacco, de CircleUp, una empresa con sede en San Francisco que promueve la financiación colectiva sólo en startups del sector minorista de productos de consumo. Sigue un proceso de curación muy exigente, tanto desde el punto de vista de las empresas que entran en las campañas de su plataforma como de los inversores que pueden comprar participaciones. El tercer participante del panel fue David Lubin, de Clairmont Group, una firma especializada en bienes raíces, un sector históricamente de difícil acceso para la financiación colectiva. Su objetivo, según explicó, es simplificar la inversión inmobiliaria mediante el uso de la tecnología. En mi post de ayer cuestione la forma en que se gestionó el panel de la primera sesión, porque todos los participantes iban a su bola y aquello no era un panel, ni nada que se le parezca. Igual alguien me leyó (que no) porque lo de hoy ha sido un buen ejemplo de reflexión colectiva bien llevada: un panel de practitioners con experiencia contrastada y un moderador que sabía mucho del tema (Anindya Ghose, profesor de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York), que hacía preguntas inteligentes y ordenaba el intercambio en torno

Se ha inaugurado esta tarde, en Stern School of Business de la New York University, la 4ta edición de la Collective Intelligence Conference, que es la conferencia más importante que se celebra sobre este tema en el mundo. Puedes informarte con más detalles del evento en este post: “Inteligencia Colectiva en Nueva York”. En la primera sesión de hoy, que ha sido breve en formato de apertura, tuvimos un panel sobre el tema que lleva de título esta entrada. Aunque soy prudente y trato de no caer en ciber-utopías, creo honestamente en las ventajas de lo colectivo y en las oportunidades que ofrece Internet para rediseñar el sistema político e impulsar iniciativas que promuevan modelos más participativos de democracia. Por cierto, una pena no haber podido asistir al encuentro organizado recientemente por Medialab Prado: “Ciudades Democráticas: Tecnologías de los comunes y derecho a la ciudad democrática”, que incidía precisamente en esa cuestión. El cartel de ponentes del panel era de campanillas. Viejos conocidos y estrellas emergentes. Iré presentando a cada uno mientras resumo algunas de sus intervenciones y me extiendo en pistas sobre sus trabajos por si te interesa investigar más. Empecemos por Beth Noveck, quien introdujo el panel. Ella es una reputada académica que trabajó algunos años con Obama en su iniciativa de Gobierno Abierto. A Noveck la sigo hace tiempo por ser fundadora y directora de una organización muy interesante, “The Governance Lab” (@TheGovLab), cuya declaración de misión ya suena persuasiva: “Profundizar en nuestra comprensión sobre cómo gobernar de forma más efectiva y legítima usando la tecnología”. Su concepto de “Tecnologías de Experiencia” (“Technologies of Expertise”) es de las cosas que más me atraen de Noveck, y que viene a decir que las instituciones públicas deberían usar más los avances tecnológicos para aprovechar mejor las competencias y conocimientos científicos y prácticos que existen dentro y fuera del gobierno, y sobre todo los inputs que pueden aportar los ciudadanos para ayudar a la toma de decisiones. Su tesis se resume en la idea de que “acceder a ciudadanos inteligentes hace al Estado más inteligente” y está desarrollada en un libro que publicó en 2015, que reseñaré próximamente: “Smart Citizens, smarter state: The technologies of expertise and the future of the governing”. En la medida de que seamos capaces de poner las nuevas herramientas tecnológicas al servicio de conectar con la sabiduría ciudadana, desde una vocación auténticamente democrática y cuidando también lógicas de eficiencia,